Universidad Bolivariana de Venezuela

Capítulo 2
Bases conceptuales

Consideraciones preliminares

El texto constitucional de la República Bolivariana de Venezuela incorpora, en su artículo 3, como «valores superiores: la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad individual y social, la preeminencia de los derechos humanos, la ética pública y el pluralismo político», plantea como fines esenciales del Estado: «la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los deberes y derechos, y establece «la educación y el trabajo» como procesos fundamentales para lograr dichos fines. Conforme a estos principios, a las políticas para el desarrollo de la educación superior en Venezuela, a las necesidades del desarrollo integral del país, y a las condiciones de complejidad e incertidumbre que definen al mundo actual ya nuestra situación en él, la Universidad Bolivariana de Venezuela se sustenta en las bases conceptuales que se presentan en este capítulo, las cuales refieren en lo fundamental a criterios de orden socio-político, ético ,pedagógico y epistemológico que deberán sustentar y cobrar expresión en todos los componentes, programas y prácticas, que confluirán en la construcción de  la identidad académica de esta Universidad.

2.1 Responsabilidad con lo público

Tal y como viene reconociéndose en la pluralidad de debates y propuestas producidas tanto a nivel nacional como internacional, las instituciones de educación superior tienen una responsabilidad y un compromiso con lo público. De ahí que, sus objetivos, metas,  y servicios deben responder a los intereses de la sociedad de la cual forman parte. La responsabilidad de la universidad con lo público, es decir, la universidad al servicio de la sociedad, exige a quienes la integran valorar esta responsabilidad como un objetivo integrador de los diversos intereses y acciones individuales o de grupo.  Así como a la universidad en cuanto institución, la capacidad para hacer de dicho objetivo, un objetivo  central que promueva  el desarrollo colectivo, a través de la formación de individuos probos y competentes, con valores y sentidos ético-políticos que hagan posible un Estado social y de justicia y sociedad democrática, de una formación que crea y recrea saberes asociados a la comprensión y solución de problemas sociales, a la construcción de   bienes culturales públicos; es decir, una formación que se realice conjuntamente con las acciones que proyecta  la  universidad, desde sus distintos ámbitos, a fin de dar respuestas a necesidades y demandas diversas de  sus entornos socio-culturales. 

2.2 Equidad social

Los procesos y prácticas de democratización suponen la efectiva configuración de la educación «como un espacio que impulse y genere justicia social» razón por la cual, la equidad en la educación superior comporta la expansión de sus beneficios sin <ninguna discriminación fundada en la raza, el sexo, el idioma, la religión o en consideraciones económicas, culturales o sociales, ni en incapacidades físicas>» y se expresa en «la igualdad de condiciones y oportunidades educativas que se brindan a los estudiantes para el acceso a este nivel educativo y para la obtención de logros educativos durante su trayectoria, los cuales resultan necesarios al aprovechamiento de nuevas oportunidades educativas y sociales» (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, 2001: 32).

En sociedades marcadas por profundas desigualdades sociales, la equidad social en la educación superior constituye un reto ante el cual se requiere que el Estado y las instituciones generen y sostengan políticas orientadas a reducir las iniquidades que caracterizan a este nivel educativo, lo que supone prestar especial atención a la creación de igualdad de condiciones y oportunidades para el acceso y el buen desempeño estudiantil u obtención de logros educativos «especialmente de quienes pertenecen a sectores socialmente desfavorecidos o que, por cualquier otra situación, se encuentren en desventaja ante la oferta educativa de las instituciones» (ibidem: 33).

2.3 Pertinencia social

La pertinencia de las instituciones de educación superior es exigida cada vez con mayor fuerza. Sin embargo, esta exigencia es inseparable de las instancias de enunciación y de los enfoques y desde los cuales se realiza: para unos, la pertinencia se define como adecuación a demandas económicas o sociales concretas, tal es el caso de las exigencias de profesionalización planteadas desde el mercado laboral o de los requerimientos de  la investigación  estrictamente asociada a la solución de problemas locales y regionales.  Para otros, la pertinencia refiere al cumplimiento de objetivos más amplios como la generación de conocimientos científicos y tecnológicos, y la formación científica y tecnológica, en cuanto condiciones fundamentales del desarrollo económico y social, la creación de bienes culturales y simbólicos, tales como la investigación social y humanística, los valores consustanciales al ejercicio de ciudadanía y a la profundización de la democracia, la elevación del nivel cultural, educativo y crítico de los diversos sectores sociales. Es éste el enfoque que debe prevalecer y el que se expresa en las políticas para el desarrollo de la educación superior en Venezuela, cuando se sostiene que la pertinencia de las instituciones de educación superior, entendidas como organizaciones del conocimiento con evidentes compromisos en la construcción de una sociedad mejor, se expresa:

...en su capacidad para generar y transmitir conocimientos orientados a la comprensión y transformación de los contextos de acción, coadyuvar a la consolidación de la sociedad venezolana como sociedad democrática, aplicar esos conocimientos en procesos de innovación económica, política, social y cultural, y promover cambios favorables en las actitudes y comportamientos tanto individuales como colectivos. A tales efectos, es necesario que los proyectos educativos de las instituciones de educación superior tengan como norte su inserción creativa en diversos ámbitos de la realidad nacional, sin dejar de considerar las innegables repercusiones de un mundo que se transforma vertiginosamente en todos los órdenes de la vida social (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, 2001:34).

2.4  Democracia participativa

La democracia universitaria no es una técnica para administrar sus prácticas, sino un concepto que emerge de la voluntad de participación, y en condiciones de igualdad, de quienes hacen vida en sus espacios. Se traduce en la idea y práctica de un gobierno universitario de talante democrático, el cual implica no sólo la intención de hacer presentes a los distintos sectores que componen a la universidad en la toma de decisiones, sino también, y esencialmente, en las sensibilidades democráticas instaladas en las formas de concebir y practicar la dirección de los asuntos universitarios con claros sentidos de igualdad y de justicia. Se expresa, asimismo, en la potenciación de sus prácticas de investigación, enseñaza y proyección social, cruzadas por la reflexión, como ejercicio de pensamiento libre, de comprensión y crítica frente  a toda forma de encuadramiento y disciplinamiento normalizador de los sujetos, comenzando por las que funcionan en la universidad misma.  Así como en la expansión de permanentes espacios de debate y de investigación ética que vinculen su quehacer con cuestiones sociales tales como la exclusión, la economía social, el nuevo orden mundial, la sociedad de derechos,  la resignificación de la política, la democracia y la ciudadanía, las nuevas lógicas y prácticas culturales asociadas a las nuevas tecnologías de información y comunicación,  la salud pública, la educación, la ecología y el desarrollo sustentable, entre otras.  En tal sentido, el ejercicio de la democracia universitaria constituye uno de los aportes fundamentales de la universidad a la formación ciudadana y al fortalecimiento de la democracia como forma de vida política.

2.5 Calidad e innovación

Frente a las discusiones en boga sobre la calidad de la educación, cuyo sentido abstracto esconde la instrumentación de políticas económicas dictadas por organismos internacionales, se asume el enfoque integral de calidad que apunta los  procesos y logros que impulsan a las instituciones de educación superior a ser cada vez mejor y a cumplir de manera satisfactoria con las responsabilidades y expectativas que le son planteadas,  entre éstas, las que  son de impacto y proyección en su entorno social. De ahí que la calidad sea consustancial a estas instituciones, y a la Universidad Bolivariana de Venezuela  como «un reto del día a día que, siendo a la vez político, económico, científico, cultural, pedagógico y …axiológico [es] inseparable de la capacidad de innovación institucional en las formas de concebir y desarrollar la investigación, los currículos, las prácticas de enseñanza y aprendizaje, los procesos institucionales de organización académica, las prácticas de administración, la toma de decisiones, las prácticas de gobierno…» (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, 2002, 31).

2.6 Autonomía responsable

Tal y como se expresa en el citado documento de Políticas y estrategias para la educación superior en Venezuela:

La naturaleza académica de las instituciones de educación superior,  se vincula con la autonomía como valor sustantivo de las mismas.... La autonomía de dichas instituciones refiere a las relaciones de estas instituciones con el Estado y la sociedad y, ejercida en los marcos jurídicos de la sociedad venezolana, constituye el soporte fundamental de la libertad de cátedra e investigación como expresión, en la vida interna de las instituciones, del derecho a la libertad de pensamiento y expresión.

Tal y como se la entiende actualmente, la autonomía institucional es una autonomía responsable, en el sentido de que comporta el deber de responder ante el Estado y ante la sociedad por lo que ellas realizan en el cumplimiento de su misión. La autonomía institucional, en consecuencia, no excluye la rendición social de cuentas o resultados de su quehacer, no sólo en lo que atañe al uso de los recursos financieros sino también, y en lo fundamental, en lo concerniente a las actividades de docencia,  investigación y extensión (Ministerio de Educación, Cultura y deportes, 2001: 36-37)

De ello se desprende que la autonomía tiene expresión en el ejercicio de participación democrática de sus cuerpos académicos,  en el predominio de los criterios académicos por encima de los de carácter personal, grupal, político o avanzado; en los distintos aspectos de la actividad universitaria; en la innovación de procesos académicos y de gestión, característica de la experimentalidad; en la inviolabilidad del recinto universitario; y en  la rendición social de cuentas o resultados de su quehacer en lo concerniente a las actividades de formación, creación intelectual y vinculación social, tanto como al  uso de los recursos que la sociedad le otorga.

2.7 Ejercicio del pensamiento crítico

La universidad no sólo es un espacio de creación de conocimientos, de formación y de proyección social, sino también de reflexión como acto que involucra el crear  y dar sentidos a lo que se piensa, se dice y se hace.  Es el ejercicio de la reflexión lo que hace de ella una comunidad plural de pensamiento que asume el pensamiento libre, la duda fructífera, la voz problematizadora y el debate como condiciones para comprender y saber posicionarse ante los fenómenos que definen la compleja situación histórica del presente, ante los problemas éticos de los modelos de desarrollo, del conocimiento, de la política, la cultura democrática, la economía, la comunicación, la educación, la universidad; para recrear como diálogo vivo los vínculos con nuestra tradición cultural e intelectual y con el pensamiento universal, para redefinir las formas de relación con el saber y sustentar epistemológicamente, socialmente y éticamente sus plurales ámbitos, propuestas y formas de acción individual y colectiva.

2.8 Formación integral

La organización y el quehacer académicos de las instituciones de educación superior en los que se  aprende a saber, se sabe aprender y se sabe enseñar, tienen  como finalidad fundamental la formación integral  de sus estudiantes, entendida ésta «como un proceso complejo, abierto e inacabado mediante el cual se contribuye no sólo a desarrollar competencias profesionales, sino también y, fundamentalmente, a forjar en los estudiantes nuevas actitudes y competencias intelectuales; nuevas formas de vivir en sociedad movilizadas por la resignificación de los valores de justicia, libertad, solidaridad  y reconocimiento de la diferencia, tanto como por el sentido de lo justo y del bien común; nuevas maneras de relacionarnos con nuestra memoria colectiva, con el mundo en que vivimos, con los otros y con nosotros mismos; lo que implica la sensibilización ante las dimensiones éticas y estéticas de nuestra existencia» (Téllez y González, 2003: 17).

El enfoque de la formación integral permite revitalizar la función educadora de dichas instituciones y su importancia parte del reconocimiento relativo al «hecho de que nuestros problemas no son sólo de orden técnico, científico y económico, sino también de carácter social, cultural y ético, es decir,  problemas cuya comprensión y solución requieren capacidad de análisis social, compromiso con la consolidación de espacios democráticos y de una sociedad más justa, y el ejercicio de valores éticos. De ahí que las instituciones deban fortalecer la formación integral  asumiéndola como el aspecto central de su función docente y de su responsabilidad social» (Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, 2001: 35)

2.9 Educación humanista y ética

Las sociedades de hoy enfrentan un sinfín de crisis, todas simultáneas y todas interrelacionadas. Entre ellas forman fila las guerras, la destrucción ambiental, la brecha de desarrollo entre el Norte y el Sur, las divisiones de naturaleza étnica, religiosa o idiomática.... El camino hacia las soluciones puede parecer demasiado remoto y, sus escollos, terminan por intimidar. Ante ello,  la educación puede seguir un curso de desarrollo aislado de toda consideración por la vida humana, o, por el contrario, hacerse cargo de las preguntas relativas a nuestra condición humana: ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Se trata de preguntas que involucran la necesidad de romper con el pensamiento fragmentario y reduccionista de lo humano, que ha disuelto la complejidad de la condición humana. Y, por ende, la puesta en juego de un nuevo modo de pensar que permita comprender la unidad de lo humano en la diversidad y su diversidad en la unidad; la unidad de la cultura en la singularidad de cada cultura y su singularidad en la unidad, el carácter a la vez singular y múltiple de cada ser humano como ser complejo que no sólo vive de racionalidad y de técnica, que es al mismo tiempo racional y delirante, trabajador y lúdico, empírico e imaginador, económico y dilapidador, prosaico y poético (Morin, 2000). El estudio de la complejidad de la condición humana «como una de las vocaciones esenciales de la  educación... conducirá a la toma de conocimientos, esto es, de conciencia, de la condición común a todos los humanos, y de la muy rica y necesaria diversidad de los individuos, de los pueblos, de las culturas,  sobre nuestro arraigamiento como ciudadanos de la Tierra» (Ibidem: 65).

En tal sentido, podemos decir que una educación humanística y ética como la que reclama  nuestro tiempo, debe hacerse responsable de las condiciones que hacen de los ciudadanos de hoy, ciudadanos de la Tierra:  no, por supuesto, el dominio de varios idiomas, ni los recorridos por diversos países, sino la sabiduría que sabe reconocer la trama de vínculos que, pese a su fragilidad, mantiene unida a la vida humana en todas sus formas, tanto como el mal que provoca destrucción y divisiones, y que también es parte de lo humano; el coraje para enfrentar toda forma de dominación y de exclusión, para no temer a las diferencias y reconocer a las personas y pueblos de diferentes culturas; la compasión como sentirse concernidos por el sufrimiento y el dolor que se han causado y continúan causándose a millones de seres humanos. Una educación humanística es indispensable para el ejercicio de una ciudadanía asumida con criterio, a la vez, político y ético, y en perspectiva, al mismo tiempo, local y universal.

2.10 Educación a lo largo de toda la vida

Este concepto está asociado a una perspectiva de la educación, para encarar los retos que tienen ante sí las instituciones, como resultado de la vertiginosidad de los cambios en las dinámicas del conocimiento, en los campos económicos, sociales, políticos, tecnológicos y culturales, y de las formas de desempeño individual y colectivo en ellas. En este sentido, la educación a lo largo de toda la vida se reconoce como una necesidad insoslayable y como una exigencia democrática que procura el acceso a oportunidades educativas múltiples y flexibles, tanto desde el punto de vista de los ámbitos, contenidos, experiencias, trayectos y niveles, como desde el ángulo de  los diversos sectores de la población a los cuales van dirigidas.  Razón por la cual, implica la apertura de la universidad a dichas necesidad y exigencia.

2.10 Performatividad

Asumida en el sentido de la toma de conciencia de la concepción que tiene la universidad de sí misma como fuerza crítica en la sociedad, cuya realización comporta el desarrollo de un proyecto creativo, colectivo, práctico y transformador, con diversas expresiones que buscan incidir sobre aquello en y sobre lo cual se (re) reconstruye el conocimiento, y sobre quienes intervienen en tal (re) construcción.  Involucra, así, una ruptura con la relación entre el saber –que se supone ya dado-  y lo que hacemos con él, reducida a una pura relación de exterioridad y utilitaria, para concebirla y practicarla  desde la pregunta acerca del valor y sentido del saber para la vida, para comprender nuestras condiciones de existencia, y actuar en consecuencia.

2.11 Complejidad

Refiere al reconocimiento de la creciente complejidad del mundo en que vivimos, para el cual las universidades deben preparar a sus estudiantes como individuos, como profesionales y como ciudadanos. Por una parte, porque tal complejidad involucra la multidimensionalidad de los fenómenos, procesos, situaciones, relaciones y prácticas, tanto como la coexistencia de múltiples interpretaciones mediante las cuales comprendemos el mundo, nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos,  y nuestras acciones con los marcos de conocimiento que introducimos en ellas. Por otra, porque la complejidad plantea el desafío de ampliar nuestro sentido del mundo,  nuestras formas de conocer y comprender el mundo en que nos encontramos y de actuar en situaciones complejas que reclaman enfoques transdisciplinarios y campos interdisciplinarios de acción, donde tienen y tendrán lugar los desempeños individuales y colectivos.

2.12 Incertidumbre

La pérdida de anclajes epistemológicos y ontológicos unívocos, coloca a la universidad en condiciones de incertidumbre y la obliga a replantearse la pregunta por lo que significa ser una universidad en medio de un mundo complejo, para resistir a los embates de la carga ideológica que contienen las fórmulas asociadas a vocablos tales como adaptación, supervivencia, logro, o rendimiento. Responder a dicha pregunta y establecer las condiciones prácticas para la realización de la universidad como un proyecto en sus dimensiones educativas, socio-culturales y epistemológicas, no es una cuestión de aplicación de recetas, sino de esfuerzos inteligentes que involucren el reconocimiento de la incertidumbre como parte de las condiciones respecto de las cuales se espera que produzcan un mejor posicionamiento de la universidad en y ante los contextos de los que forma parte.  La incertidumbre es un concepto a la vez sociológico y epistemológico, pues, por una parte señala las condiciones del mundo en el que está inmersa la universidad y, por otra, la actitud cognoscitiva y experiencial no atada a certezas fijas y absolutas para explicar lo que ocurre y predecir lo que ocurrirá.  Indica, en consecuencia, una apertura en nuestra capacidad de entender y afrontar el mundo en que vivimos, y de ofrecer una visión del mundo al que podemos aspirar.

La incertidumbre abre, en tal sentido, la posibilidad de revitalización reflexiva de la universidad, es decir, la asunción de un nuevo papel en y ante la creciente complejidad del mundo que consiste en ampliar su comprensión y las capacidades humanas para afrontarlo. Ello implica dejar de construirla sobre lo conocido convertido en dogma, sobre las seguridades y autoseguridades expresadas en la organización disciplinaria de la vida académica, según la lógica del conocimiento fijo y clasificado en compartimientos.